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Porto-Rican Folk-Lore.
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31.

La reina de mis amores,
la reina de mis amores,
la reina de mis amores,
la reina de mis amores.

Buscando el consuelo mío
a un monte me retiré;
por descansar me senté
en las orillas de un río;
préstame, árbol sombrío,
la calma a mi dolor;
pasaron dos labradores
y les dije: — Por piedad,
denme razón donde está
la reina de mis amores.

Me dijeron: — Con placer
vamos a darle una seña;
hemos visto una trigueña
en la sombra de un laurel;
quizás esa pueda ser.
Yo les dije: — Gracias señores.
Pasaron los labradores
y ella delante, dormida
la hallé, de blanco vestida,
¡Oh! bendita y querida,
adorada nena mía,
la reina de mis amores.

Le dije: — Indiana mujer,
aquí tienes a tu criollo,
que dormido en el arroyo
viendo las aguas correr.
Despierta la indiana cruel
con sus divinos colores,
y yo viendo sus primores,
le dije con mil placeres:
— Abre los brazos, tú eres
la reina de mis amores.

Bañada con el rocío
ando buscándote, cielo;
cúbreme con tu pañuelo,
recompensa el amor mío;
si en ti existe el poderío
eres hija de las flores;
son los únicos primores
que me llenan de placer,
y mientras vivas has de ser
la reina de mis amores.

32.

No quiero saber del ron,
no quiero saber del ron,
no quiero saber del ron,
no quiero saber del ron.

Un amigo me invitó
a tomar la Noche Buena,
y de tanto que me gustó
lo cogí de almuerzo y cena;
y yo me metí en carrera
con unos ocho en reunión;
me formaron una cuestión
cuando ajumado me vieron,
y de tantos golpes que me dieron
no quiero saber del ron.

Cuando mi tiempo rutero
me fuí a rutiar a la altura;
yo me pegué una ejumá
que en palabra de Dios muero;
y por cuenta del terreno
resbalar como un jabón,
me fuí por un farallón
envuelto en unos bejucos;
y para no pasar más sustos
no quiero saber del ron.

Me puse a ligar bebida
un día para tomar,
y después me fuí a bailar
a casa de una vecina;
me fuí por una cocina,
caí abajo de un matón
y una puerca y un lechón
con la trompa me ensuciaron;
y en ver lo que me ha pasado
no quiero saber del ron.

Un día yo me ajumé
a ver si era bueno el ron;
me fuí por un farallón
un brazo me desconcerté;
serían como las tres,
no había quien diera razón;
esto como a la oración
a gatas tuve que salir;
desde entonces hasta aquí
no quiero saber del ron.