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Porto-Rican Folk-Lore.
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aprendí de lo mejor,
razones en que yo me fundo,
porque de todo en el mundo
quiero saber, versador.

Aquí te quiero probar
aunque tú no me lo implores,
son veinticuatro las horas
que tarda el mundo en voltear,
la luna es el singular
astro de la tierra impía,
aunque ella alumbra de día
el sol le quita el valor;
mete mano, versador
si sabes de astronomía.

64.

En tierra estéril sembré,
el trigo y la flor no ví;
nada de esto coseché,
cuanto sembré lo perdí.

Yo sembré en luna menguante
la semilla del amor
por conseguir una flor
de esta azucena fragante;
ella creció al instante
y en sus verdores noté,
pero luego reparé
que variaba con el tiempo;
como era falso el cimiento
en tierra estéril sembré.

Yo escogí la primavera
para esta mata sembrar,
porque yo pensé lograr
de esta mata la flor primera;
yo logré de que naciera
pero espigada no ví;
todo el tiempo lo perdí
dando a esta mata cultura;
y sembré en la tierra dura,
el trigo y la flor no ví.

Esta mata nada produjo
con el rigor del verano;
vino el invierno tirano,
las hojas le marchitó;
al instante llegué yo
y marchitada la hallé;
con lágrimas la regué
a ver si restablecía,
como no me convenía
nada de esto coseché.

Cuando yo ví nacer
aquel árbol tan frondoso
me encontraba victorioso
pensando ganar en él;
no puede permanecer
aquella dicha feliz;
luego cuando yo volví
que la encontré marchita
la propia mata arrancada,
cuanto sembré lo perdí.

65.

Los campos visten de flores,
de embarcaciones el mar,
y de pena mi corazón
si usted me deja de amar.

Ven, imágen celestial,
dame una prueba de amor,
que yo te traigo una flor
de mi jardín tropical;
que tú eres el olivar
donde cantan ruiseñores,
yo te brindo mis honores
mis virtudes y nobleza;
al contemplar tu belleza
los campos visten de flores.

Cuando la mitología
eras tú la diosa Eros;
yo te amo con respeto,
reina de mis alegrías;
tú eres la primera guía
de todo el universal;
con tu hechicero mirar
te robas los corazones;
puedes vestirte de dones
y de embarcaciones el mar.

Sólo Dios con su poder
pudo inventar tu figura,
¡oh, dichosa criatura!
De un pintor eres pincel,
eres rosita, eres clavel,
eres capullo, eres botón;
allá en la inmensa región
repercuten tus palabras
puedes tú vestir de galas
y de penas mi corazón.

Ni los tiernos angelitos,
ni el preferido diamante