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Porto-Rican Folk-Lore.
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A la madre ayuda luego
ir a la charca por agua,
y a traer en una yagua
la leña para hacer fuego.
A sus flores hace el riego
después con mucho placer,
y no deja de correr
por la sábana y el cerro,
siguiéndola siempre el perro
hasta la hora de comer.

El almuerzo preparado
está sin más requisito,
con mucho tasajo frito
arroz y plátano asado.
La muchacha ya ha llegado
y está su parte pidiendo;
los hermanos van viniendo,
dejan el hacha y machete,
y el perro está haciendo el siete
en tanto que van subiendo.

En grata conversación
juntos a la mesa van
y en lugar de tener pan
hay plátano del fogón.
El uno saca un limón,
el otro, yuca madura,
a éste le agrada y procura
encontrar grandes tomates,
y hay provisión de aguacates
mientras la cosecha dura.

Un coco de leche hermoso
con un plátano pintón
es siempre la conclusión
del almuerzo muy delicioso.
Un tabaquillo oloroso
viene a ser lo más ameno,
y el jíbaro muy sereno
duerme en su hamaca felice;
yo no sabe lo que dice
quien diga que esto no es bueno.

E. VARIA.

The following short décimas, some consisting of a single strophe, are probably fragments of longer ones in many cases.

161.

Me voy a dejar morir
sin comer, ni tomar agua,
llevado de aquel sentir
que me diste, bien del alma.

Dime quien te dió embajada
para enojarte conmigo,
dime cual es el motivo
para que estés enojada;
considera, bien del alma
que me diste que sentir;
tú te has dejado inducir
de ese farsante traidor
y si me falta tu amor
me voy a dejar morir.

¿Quién te ha dicho mal de mí?
Es lo que quiero saber,
para darle muerte cruel,
supuesto que no es así;
la vida pierdo por ti,
hoy te lo vengo a decir;
mi palabra he de cumplir
aunque de ti vivo ausente
y si no me doy la muerte
llevado de aquel sentir.

162.

¿Qué hará el dueño de mi vida?
¿si de mí se acordará?
¿si me tendrá en la memoria
o me habrá olvidado ya?

Dime loco pensamiento,
que me aflijes sin cesar,
¿hasta cuándo ha de durar
mi padecer y tormento?
Mira que ya el sufrimiento
me ha inflamado la herida;
no quieres ser homicida
deja que descanse el alma,
contemplando en dulce calma,
¿qué hará el dueño de mi vida?

Dichas gozaba algún día
ufano de vanagloria
y con esta cruel memoria
crece ¡ay! la pena mía;
cuando llegará ese día
que a mis brazos volverá
la prenda que más adoro,
porque de contínuo lloro.
¡Si de mí se acordará
ese ángel que tanto adoro!