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Porto-Rican Folk-Lore.
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Soy presidente en la audiencia
y luego soy principal.
Y en todo lo general
soy de ilustre estimación.
Perros he vencido yo,
y en ello soy distinguido.
Y así el dinero y el trigo
disputan estimación.

Yo te diré mi grandeza
para que no arguyas tanto.
Yo alimenté al padre santo
y el me bendice en la iglesia.
¿De qué sirve la grandeza
si el otro mundo es amigo?
El se llevará consigo
alma, vida y alimento.
Y así, con este argumento,
así le responde el trigo.

De mí se hacen las coronas
de la limpia concepción,
la custodia y el cupón,
el sagrario en tres personas.
Soy la fuente de la ancora;
soy primer emperador;
de las guerras vencedor.
Y con esta facultad,
¿el dinero ganará?
Y ¿quién se lleva el amor?

184.

Una tarde muy lluviosa
me salí a pasear afuera;
me senté en una damera
para pensar no sé qué cosa;
ví pasar a una moza
de gallarda bizarría,
me dijo que si quería
casarme con ella, que era doncella,
y que gozaría de ella
al aclarecer el día.

Recuerda, prenda querida,
cuando estaba en la prisión;
tú fuiste el agua florida
que baño mi corazón;
yo a ti te hablo con amor
y mi voluntad te expreso,
tú sabes si me contestas,
yo te quiero pretender;
y por una ingrata mujer
un sí de amor, ¡cuánto cuesta!

Si me quieres, te prometo
que si me tienes amor
yo te hablo aunque sólo soy
las llaves de tu aposento;
si me guardas el secreto
yo no he de querer a otro.
Usted será la que toca
en mi pecho y lo abrirá,
pero me consolará,
aunque yo no la conozca.

185.

Vivo en ti, mi bien, pensando
desde que te conocí;
tengo el pensamiento en ti
por donde quiera que ando.
Si duermo, te estoy soñando,
que soy tu querido esposo
y con alegría y gozo
mi corazón te venera;
y al verte, blanca azucena
ayer tarde fuí dichoso.

186.

Ayer tarde su cabello
me puse a descomponer
para verlo descender
en negras ondas al cuello,
porque estás mas hechicera
cuando mi mano desata
la espléndida catarata
de tu bella cabellera.

Al posar mi vista ufana
en ella ví, con dolor,
el plateado color
de una prematura cana;
muy cerca de la niñez
están los años que cuenta
y ya en su cabeza ostenta
el sello de la vejez
una cana en aquel mar
de su esplendida cabellera.

187.

A los dos se han encontrado
gravemente bien heridos
según datos que he tenido,
él se hallaba degollado;
el infeliz, desgraciado
bien herido se veía
porque en el cuello tenía